A veces las casualidades superan lo establecido y la colocación de un cristal, una columna o una gota nos ofrecen imágenes tan bonitas como estas:
Enlazando la última foto a lo que os quiero contar a continuación, parece una acuarela, pero es la Catedral de Santiago reflejada en La Ciudad de la Cultura, porque no se puede hablar de belleza sin citar mi tierra, donde a falta de mar no faltan los charcos, seguimos la cultura del agua, las meigas nos acompañan a cada paso y hay una leyenda para cada persona
Leyenda de la sombra del peregrino
Al caer la noche una figura tenebrosa emerge en la plaza de A Quintana, refugiada en una esquina, la más próxima a Platerías, junto a la Puerta Real. A simple vista parece la silueta de un peregrino, con su sombrero, su calabaza y su bastón que le ayudaron en el camino hasta la capital, pero la leyenda discierne de esta interpretación. Cuenta que hace muchos años un sacerdote se enamoró perdidamente de una monja de San Paio. Todas las noches se reunían cruzando un pasadizo existente bajo la escalinata de la Quintana, que unía la Catedral al convento.Por su condición de religiosos su relación era imposible, pero él no se rindió, le propuso a su amada fugarse muy lejos para no tener que esconder su amor. La novicia aceptó su proposición y se citaron en el anochecer. El prior se vistió de peregrino para no levantar sospechas y se quedó esperándola debajo de la ventana. Su querida no apareció, pero él, tan testarudo y soñador como siempre, no pierde la esperanza de que aparezca y la espera una noche y otra noche y otra noche...


































